La vez pasada (lo cual puede llegar a ser un "ayer, "hace unos días", "hace un par de meses", "el año pasado") iba en el micro y al lado tenía a un nene de aproximadamente cinco años cantando a los gritos pelados "ego ego ego egoísta!! ego ego ego egoístaaaa!!". La vi a la madre lo más pancha al lado. No le iba a decir que calle a su hijo, le iba a decir: "señora, el nene le salió puto". Pero era muy obvio.
viernes 5 de noviembre de 2010
Raye XXIV
Encima de pelotuda, sorda: al final el que martillaba no era el de arriba mio, era el de mi diagonal. Casi mato a la persona equivocada.
lunes 23 de agosto de 2010
Raye XXIII
OLAKHAÑSKONDÑÁKLDFNAÑSKLDNBAÑKLWDNMPALKMAPOHJUIYDFBALOIKSNJANMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
viernes 30 de julio de 2010
Om
Sos muy hormonal me dijo una vez un médico y casi lo mando a la mierda, pero como estaba en el octavo día del ciclo, estaba tranquila y solo le sonreí.
Hasta hace poco me molestaba todo: el cornudo de arriba, la gente, los comentarios pelotudos, los chistes malos, etcéteramente etcétera. Pero pasó. Por fin mi pasó lo que tenía que pasar es igual al de los demás y no significa un sí, me mandó a cagar. Y recién ahora caigo en que irradio paz: sonrío y estoy vital, las boludeces me dan risa, y hasta el pelotudo de arriba dejó de martillar. Recién ahora sé que Buda garchaba mucho.
Hasta hace poco me molestaba todo: el cornudo de arriba, la gente, los comentarios pelotudos, los chistes malos, etcéteramente etcétera. Pero pasó. Por fin mi pasó lo que tenía que pasar es igual al de los demás y no significa un sí, me mandó a cagar. Y recién ahora caigo en que irradio paz: sonrío y estoy vital, las boludeces me dan risa, y hasta el pelotudo de arriba dejó de martillar. Recién ahora sé que Buda garchaba mucho.
viernes 16 de julio de 2010
El viejo de arriba II
Papá:
Mañana paso a la tarde y después me acompañas a comprarme masitas
Walda:
Ah, bueno, entonces me baño
Papá:
Sí, no vaya a ser que salgas desarreglada...
Walda:
No es de coqueta, es porque desde el miércoles que no me baño
Papá:
¡Uh! Debés tener un olor a oso terrible. ¡Ya sé: anda así a visitarlo al cornudo de arriba!
Mañana paso a la tarde y después me acompañas a comprarme masitas
Walda:
Ah, bueno, entonces me baño
Papá:
Sí, no vaya a ser que salgas desarreglada...
Walda:
No es de coqueta, es porque desde el miércoles que no me baño
Papá:
¡Uh! Debés tener un olor a oso terrible. ¡Ya sé: anda así a visitarlo al cornudo de arriba!
El viejo de arriba
Hace días que lo único que me mantiene viva, es la búsqueda desesperada de una forma de venganza contra el hijo de un condado de putas (alias: elvecinodearriba) que me despierta con sus martillazos, me hace merendar con sus martillazos, y me obliga a mirar la tele con sus martillazos también. Me dirán que es muy fácil, que solo me tengo que ir a quejar. Pero resulta que es tan inepto, que también me llenó el lavadero de humedad y me lo tiene que arreglar: si le toco timbre y le parto un palo en la cabeza antes de que pueda saludarme siquiera, corro el riesgo de que no me arregle una chota.
Yo antes pensaba que no había nada peor que el boludo del hijo, que está empezando a tocar la guitarra eléctrica y nos hace fumarnos sus lecciones porque la manda a todo volumen. O el de al lado, que cada vez que hace pizza pone Manu Chao a todo volumen... ¡y encima canta! O el afectadito de abajo que fuma en mi escalera y me llena de casa de olor a cigarrillo. O la conchuda de dos o tres pisos más arriba que me cierra la puerta en la cara. O el pelotudo del primero que una vez me hizo tenerle la puerta mientras él entraba las quince bolsas de pelotudeces que había comprado en Disco. Pero claro, la vida te despeina y te saca canas verdes.
Yo antes pensaba que no había nada peor que el boludo del hijo, que está empezando a tocar la guitarra eléctrica y nos hace fumarnos sus lecciones porque la manda a todo volumen. O el de al lado, que cada vez que hace pizza pone Manu Chao a todo volumen... ¡y encima canta! O el afectadito de abajo que fuma en mi escalera y me llena de casa de olor a cigarrillo. O la conchuda de dos o tres pisos más arriba que me cierra la puerta en la cara. O el pelotudo del primero que una vez me hizo tenerle la puerta mientras él entraba las quince bolsas de pelotudeces que había comprado en Disco. Pero claro, la vida te despeina y te saca canas verdes.
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